jueves, 11 de agosto de 2011

Tristeza

La tristeza es un sentimiento de mierda.



No consigues ver en tí, nada bueno. Te preguntas si eres feliz, y contestas que no; más tarde dirás que sí. Todo lo que puede ser bueno desaparece, las tinieblas se adueñan de tu corazón y nublan tu visión. Sólo hay oscuridad y niebla, la tristeza materializada en los sueños. La cama es tu mejor escóndite y la masturbación ni te apetece. El miedo a todo lo que puede venir y acontecer. Y tú, inmóvil, envuelto entre las sábanas; triste.

No vas a estar triste toda tu vida. Estar triste no es disfrutar, y la máxima de todos debería ser esa: Disfrutar. Si vas a estar triste toda tu vida mejor suicidate, porque... ¿Para qué? ¿No?

Triste siempre estás solo, cuando estás triste la gente lo repele. Uno siempre está triste solo.

Inspiración 2

Hace mucho que no escribes. La inspiración de ha abandonado. Ahora pasas las noches borracho, nadando en whisky, mientras tratas de agarrar la pluma con tu mano derecha y con la izquierda te aprietas las sienes para pensar más. No sale nada. Sólo el vacío. Ni una sola idea, ni una sola palabra, no hay nada que hacer, está todo perdido. No hay ya nada más que hacer que volver a la cama hedionda en la que duermes cada noche para tratar de soñar, a ver si algo.. Aunque breve, consigues recodar para poder escribirlo. Un día por la mañana, te has dormido con las ventanas abiertas. Desde la calle puedes oír una orquesta descender por la garganta de edificios y asfalto. La música te cautiva, el vocalista que canta a dúo con las trompetas te golpea en el pecho. Tu cabeza empieza a flotar y notas que la música te envuelve. La creciente sensación de libertad sensorial es sólo una pequeña parte de todo lo que sientes, una de las sensaciones que evoca la música de la orquesta local. Las trompetas a la par. Los percusionistas dándolo todo con sus mazas, sus timbales resonando por las calles de la ciudad. El vocalista liderando, cantando brevemente cuando es el momento y dirigiendo a toda la tropa. Las animadoras que hay alrededor de todos los músicos, calentando el ambiente de viejos y niños púberes excitados al ver unas piernas tan largas en unas faldas tan cortas. El ardor se podía tocar, las animadoras eran la fiebre de las fiestas; El demonio en el desierto, la tentación cuando tienes sed. Una de las animadoras, Jennifer, era una joven virgen que no dejaba que su novio se la follase. Esperaría hasta el matrimonio. Su novio, por descontado, se folla a una de las animadoras. La más libertina, la que realmente se lo pasaba bien. Cuando se da cuenta de ello, decide salir desatada a follarse a todo lo que pueda. Un abánico de sexo y drogas. Vuelves a tener una idea. Desarrólala y juega con ella. Que no tenga que volver a aparecer para ayudarte a escribir. Algunas veces vendré en forma de sueños y otra, como música embriagadora.

viernes, 29 de abril de 2011

El sueño de Lepanto

Jan Potoki se despierta temprano. Se nota sudoroso e intranquilo: le ha despertado una pesadilla. Se encontraba en Lepanto, transcribiendo un manuscrito de Carlo Magno a su esposa cuando de repente una flecha el atraviesa el pecho. El cuerpo se desploma pero no muere, únicamente un intenso dolor. La paralización de todas las articulaciones y un ligero cloqueo tumbado en el suelo es lo que queda de sí mismo. Pero no muere. Trata de retorcerse de dolor y ni siquiera es capaz, la frustración y el dolor cogidos de la mano. Así se despierta, muerto de miedo y diciéndose a sí mismo que nunca más se volverá a dormir. Y se vuela la cabeza.
TRENTO