martes, 25 de diciembre de 2012

Cautiverio


Delante de mi ventanta hay una fachada blanca, La fachada es muy alta y ancha, ocupa unos 10 pisos de alto. No, unos 10 no, ocupa exactamente 10 pisos de alto. En toda su estructura, mirando a la ventana no hay más que las tristes galerías de cada piso, justo en el centro del edificio. Pero  de ahí a la derecha nada, ni una ventana. Miento, había una. Justo en el séptimo piso, a la misma altura a la que vivía yo, había, muy a la derecha, una pequeña ventanita de la que no se podía adivinar nada del interior.
Era demasiado pequeña para ser parte de una habitación, al menos de una verdadera habitación. Podía imaginarme cualquier familia que hubiera engendrado un monstruo y no supiera bien qué hacer con él. Podría haber construído esa habitación para encerrarlo y simplemente tenerlo allí durante años, y, para no hacer tan realmente nefasta la existencia de ese ser, dotaron la habitación de una pequeña ventana.
Pasó mucho tiempo hasta que pude dormir tranquilo, aun sabiendo que existía esa ventana, a la misma altura que la mía, y de la que no sabía nada. Como decía, ya dormía bien por aquel entonces. Una mañana cualquiera, después de quedar desempleado, andaba simplemente paseando por la calle peatonal que marca el centro de la ciudad, justo donde vivo; la Calle Olmos. Entonces vi una mujer muy mayor, casi decrépita tratando de abrir una puerta. En seguida entendí que esa era la puerta que abría el portal del edificio de la ventana del 7º piso. - Señora, necesita ayuda? - Pregunté a la anaciana.- Sí, me ayudária a llevar estas bolsas - la mujer llevaba las bolsas de la compra en las manos, terriblemente cargadas - hasta mi casa, vivo en el 7º piso. El corazón me dio un vuelco, quizá aquella mujer era la malvada madre que tenía un monstruo como hijo viviendo en un zulo con ventana a la calle, exactamente a mi habitación. No pude más que ayudarla a abrir la puerta y a entrar la compra en su ascensor. Mientras el aparato, muy lentamente, como todos los edificios antiguos del centro de la ciudad, subía hasta el séptimo piso, pensé mucho.
¿A dónde estaba yendo? ¿de verdad quería conocer la verdad sobre esa ventanilla? ¿Quería entrar con esa anciana decrépita en su casa, quería cruzar el pasillo e irrumpir en la habitación donde acababa la casa, echar a todo el mundo y girar el colchón para tratar de hundir el falso techo y encontar la habitación secreta?
No pude hacer nada de eso. Las puertas del ascensor se abrieron y unas manos enormes me agarraron de las solapas del abrigo "Quién es este hijo de perra?" "Entralo a casa" "Mátalo" "De dónde coño sale?" - Oí todas esas frases entre patadas en elcostillar y tirones del abrigo. Me desperté de nuevo sentado, desnudo, en una silla. La habitación estaba muy oscura, y  tenía que tocer el cuello, porque el techo era muy bajo. Al principio no vi ninguna luz, pero después de unas 4 horas (debía amanecer) puder ver un cuadrado a un costado que se empezaba a vislumbrar en la penumbra. Traté de pegar saltos hacia la recién aparecida luz, pero una cadena que retenía mi silla frenó mi avance. Forcé unos empujones y logré caer al suelo, sobre el peso de mis propias manox. Con suerte caí sobre mi propio peso y las tristes cadenas hicieron tal herida que la sangre lubricaba lo suficiente como para poder sacar las muñecas y chillar en dirección a la puerta, golpeándola con la cabeza.
Después de recobrar el conocimiento me encontré en el suelo de una lúgubre habitación. La sangre manaba de una brecha en mi cabeza. Con lo que sangraba, si podía mantener la conciencia, significaba que el golpe de la hemorragia había ocurrido en los últimos minutos. Me levanté a duras penas y pude al fin ver la ventana del zulo en el que me habían encerrado. Me acerqué a la ventana y vi que estaba muy arriba. Justo enfrente había otro edificio, y a la misma altura a la que encontraba pude reconocer una ventana que daba a mi misma habitación. Entonces lo vi. Me vi.  Era yo mismo, mirándome a los ojos y preguntándome: ¿Quién vive ahí? ¿Una madre malvada que tiene a su monstruoso hijo en cautiverio?

martes, 3 de abril de 2012

Las ambiciones son poderosas

Las ambiciones son poderosas. Tú y qué ejército? Payaso.
Te espero en Celephais, cuando consiga llegar durante uno de mis sueños. En el Castillo Subterráneo vive el ser que sale al exterior, la tierra firme es su cielo; las rocas sus estrellas. Los profundos en Innsmouth han desarrollado al fin sus agallas, la guerra contra las hordas pez está por comenzar. El fin del mundo está llegando, porque nunca nos preocupamos de nuestro futuro mientras echamos las culpas al pasado. Los Garrafone y su mundo del hampa. En Trento un hombre recibe un flechazo que le atraviesa el corazón, un manuscrito inacabado queda presa del rigor mortis de sus dedos. Jose Jones es un actor que interpreta a un personaje famoso de televisión, aunque nunca ha coincidido en el plató con Jimmy Superstar, el actor porno. El escritor de Forrest Gump se atormena en su buhardilla, sin embargo el autor de "Inspiración" se revuelca sobre mares de whisky y escribe en su Remingtoon Steele novelas sobre los sueños. Posiblemente escriba sobre Celephais, que es allí a donde quiero llegar. Mis recuerdos y pensamientos son difusos, tengo recuerdos de muchas personas que no soy yo mismo: Personajes inventados, cuyos recuerdos están, sin embargo, vivos en mi interior. Ahora mismo estoy fusionado con ellos y siento que puedo hablarles.

El cazarrecompensas espacial, se conoce a sí mismo de joven. La culminación de todas las especies del universo tiene lugar en un punto al que el ser humano no consigue llegar vivo. Los registros que dejaron los humanos, muestran como el fin del mundo ocurrió por culpa de un partido político radical llamado El Partido Deformista. Atentados a la vida del jefe del mundo, con robots kamikazes, tal era su sorpresa.