Jacob es un adolescente que vive en Arkham, un pueblo en la frontera de dos países en guerra. Se disputan la posesión de una isla que se encuentra a 100 km de la costa y que antaño pertenecía a la extinta raza de los hombres-topo. Una vez estos fueron exterminados por una peste bubólica marina los dos países trataron de apoderarse de ella. Los altos mandatarios no supieron ponerse de acuerdo y se declararon la guerra.
Ahora Jacob por las noches no puede dormir, oye como el clamor de la batalla se acerca desde km de distancia, y cada vez más fuerte. Desde su propia habitación a oscuras puede oír a la muerte acercándose como la parca se acerca a la víctima; pero esta parca era mucho más grande y devastadora acechando a una multitud que no tiene elección.
Los hombres-pez del país cercano tenían ventaja en las costas donde podían atacar desde muchos flancos. Pero por el interior su avance, aunque progresivo, era algo más lento. Jacob vivía en un pequeño valle algo aíslado, aunque era sabido que tarde o temprano llegarían hasta ahí.
Pero no sólo del ruído infernal de las explosiones y los disparos eran las noticias que le llegaban de la guerra. La radio funcionaba y retransmitía la semimanipulada información sobre la guerra. Pero el dato más significativo era que no se tenían noticias sobre supervivientes, o prisioneros de guerra. Nadie sobrevivía al avance de las tropas pez, y eso sólo significaba que se abrían paso asesinando y exterminando a los humanos.
Jacob continuaba yendo al colegio y a sus clases de piano, hasta que un día lo evacuaron por peligro de ataque. Entonces Jacob debía quedarse en casa todo el día, sin poder salir a la calle por la alerta roja. El ataque estaba próximo y ya se había hecho a la idea, aun así durante esos días decidió salir de ahí.
No podía cruzar las líneas enemigas, ni huír a la gran ciudad que ya debía estar masacrada. No tenía a donde escapar ya que no había otro país que les aceptara. Su única posibilidad de vivir era aíslarse del mundo real y existir en el olvido toda la vida, sin volver a salir de nuevo. Tenía que trazar un plan rápidamente, y trabajar lo necesario, no le sobraba el tiempo. Desde el sótano de su casa se podía cavar un tunel en una zona blanda donde él escondía su pornografía en bolsitas de plástico. Sabía que antes había habido otra habitación hasta que un día sus padres le dijeron que se inundó y decidieron eliminarla. Con una pared sólida y gruesa de tierra mojada tenía los suficientes metros cuadrados para crear su nuevo mundo.
Por suerte para Jacob y su alocado plan las tropas enemigas fueron detenidas en un momento de flaqueza y el ataque había cesado por momentos. Jacob estuvo picando durante 20 horas diarias hasta que consiguió llegar a la habitación, que seguía preparada y hueca. Para gran sorpresa, asombro y alegría aquella habitación perdida había sido concebida como refugio nuclear, pero ante el final de la guerra helada y el peligro de bomba nuclear decidieron deshacerse de ella y ocultarla. La sala estaba provista de un pequeño huerto seco con un chorro directo de luz de sol que atravesaba una pared de roca y quedaba disimulada en el jardin. Había un corral y unas pertenencias con vallas y llenas de paja. Lo más increíble era el pozo natural y el baño perfectamente amueblado, aunque dejado por los años; lo importante era que el baño no acabara donde acaba el pozo.
Sólo le llevó unas horas recolectar lo que le hacía falta. Muchas casas habían sido abandonadas con sus animales dentro. Recogió gran cantidad de gallinas, y unos corderos. Se llevó con él también una vaca, aunque sin un toro para procrear, era demasiado arriesgado encerrarse con un toro en un mundo aíslado. Los supermercados estaban completamente saqueados, y no tuvo problema en llevarse toda la comida enlatada que pudo transportar en largos viajes con carrito, pienso para animales en cantidades industriales y semillas de gran calidad de todo tipo de hortalizas y frutas, como buena tierra y abono, además de las herramientas necesarias. Durante sus viajes vio que había habido zonas ya afectadas por un bombardeo, él no se había dado cuenta porque había estado dentro de un agujero las últimas semanas.
Acondicionó a la perfección las pertenencias de su futura vivienda, había sitio suficiente, no se podía imaginar que hubiera algo tan grande en su propia casa. Estaba todo preparado y listo para comenzar a cerrar la pared de tierra, que llevaría largas jornadas de trabajo y nerviosismo, y no podía entrar solo. Ya había decidido que necesitaba llevarse a alguna mujer, porque si no su soledad y su desgracía serían demasiado para mantenerse cuerdo.
Había una chica de su colegio con la que no había hablado nunca, pero le gustaba. Fue a buscarla a su casa y la encontró demolida por el derrumbamiento del edificio a su lado. Dio varías vueltas por la ciudad buscándola pero sólo encontraba algunos cadáveres y familias entre algunos despojos, abrigados por cortinas y alfombras. Entonces encontró a una niña llorando. Le aproximó unos 12 años al echarle una mirada mientras lloraba desconsolada. Jacob se acercó a ella y trató de calmarla. La abrazó con fuerza y le preguntó que qué le pasaba. La familia de la niña se había convertido en ceniza al explotar un obús en su salón, ella estaba fuera recogiendo comida y se salvó. Los tiroteos comenzaba a oírse. El eco de los tiroteos en en valle, no había tiempo que perder. Le ofreció acompañarle mientras le estiraba del brazo y le llevaba en dirección a su casa, a lo que ella no opuso resistencia. Entraron en su casa sin pararse en el camino; los padres de Jacob se habían tomado una sobredosis de somníferos la misma noche hacía unas semanas, los cadáveres fueron lanzados al exterior pero el hedor comenzaba a filtrarse dentro. Había preparado una artimaña para ocultar el escondite todo lo posible, sellando las puertas y poniendo obstáculos en el camino le daría esos días para acabar la pared. Entraron los dos en la sala y Jacob le ofreció un pequeño manjar como bienvenida, una magdalena recubierta de chocolate, pinchada con un palillo que había preparado para la ocasión. Así como ella la devoró, Jaco comenzó a colocar la tierra que tenía preparada con un sistema de tablas que hacían las veces de pared provisional como de molde. Durante horas trabajaba, hasta que necesitaba descansar y dormía unas pocas horas. Esas horas de intenso trabajo le bastaron para conocer a la perfección quien era su futura acompañante, amiga y amante. Marta, porque así se llamaba, era muy habladora y alegre. Jacob quedó sorprendido porque la chica parecía feliz a pesar de las circunstancias, la muerte de sus padres y su futuro aíslamiento de por vida. Marta se sentía feliz de haber encontrado esa forma de escapar, ella también había visto la proximidad de su muerte, y la había asumido. Conseguir burlar a la muerte es algo que recibe con satisfacción.
Jacob terminó el muro en 4 días, que pasaba picando, entre conversaciones de Marta y momentos de silencio, alertados por el ruido externo. Se podía oír perfectamente el avance de las tropas, destructivo y ruidoso. A veces parecía que estaban al otro lado del muro inacabado inspeccionándolo, y ninguno de los dos se atrevía a respirar. Cuando se hubo terminado parecía algo perfecto, imposible de encontrar.
Los siguientes años hasta que murieron fueron largos y tediosos. Cuando ella quedó embarazada se pusieron enfermos. El agua que bebían ya no era potable, y no podían lavarse tampoco. Había muerto la vaca y no se habían podido deshacer del total de su carne. Jacob murió antes que Marta, que cuando le llegó el día de parir, murió desangrada dejando a un niño entre gallinas y pollitos, bajo el suelo aíslado de un pueblo de hombres-pez que estaban encima de él, caminando sobre su techo. Pero eso a él le dio igual, no pudo pensar ni sabía como hacerlo. Se lo comieron las hormigas.
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