Durante las sesiones sus aposentos se embardunaban de un humo embriagador. El maestro tensaba sus músculos, y comenzaba. La forma de la grulla. Dedos en tensión, simulando ser plumas de ave; Pie elevado, con la gracia de un pelicano, en tensión, sin moverse. El maestro se concentra, entonces es un ave.
Posada en una arista en un precipio, se eleva ante miles de cabezas de roedores y chacales. La altura no es un problema, porque podría desplegar sus alas y planear si se cayera, por un golpe de viento. Otea el horizonte, el sol le daña los ojos pero es precioso. Las luces me ciegan y siento un ligero placer, tengo sueño y así como estoy podría dormirme.
El maestro se mueve, cambia la figura. Brazo derecho al frente, palma extendida. Muñeca elevada, dedos orientados al suelo. Es la boa, una serpiente mortífera que se mueve con sigilo.
La jungla amazónica, movimientos lentos, rítmicos mueven a la boa por entre la vegetación. Se queda quieta, posiblemente detecte una presa con sus afinados sentidos. Está completamente oculta entre la maleza, escrutando hasta dar con una señal. Completo silencio, no emite ningún sonido, sólo se oye el rumor de lo salvaje. Un ruido, una pequeña fiera salta y corre; Dos movimientos de cola, zas, le muerde el cuello.
El meastro ejerce un fuerte movimiento con el brazo, a modo de látigo. Los pasos de la serpiente, marcan el final del ejercicio. Abre las piernas, consigue equilibrio. El brazo derecho le cuelga por delante, y lo coloca de forma que el codo se orienta hacia arriba y la palma hacia abajo. Es una trompa.
El elefante camina pisando todo lo que encuentra. No se detiene por nada, ninguna bestia le ataca y todos le respetan. Atropella, arranca árboles, destroza algunos animales. Con su trompa azota y también arranca a su antojo. Por pasar y generar destrucción, es la motivación del elefante.
Este ejercicio es muy duro, exige una tensión muy fuerte y el cuerpo se agota. Se comenta que el maestro del Tai Chi podía realizarlo durante 2 horas y media, pero eso cuando era joven. A los 92 años es comprensible que haya tenido que parar a descansar, y a secarse el sudor. Aprovechará para beber algo.
Apoya el pie derecho delante, el izquierdo atrás de la manera que mejor equilibrio consigue. Extiende sus manos por delante de la cara, en forma de garras. Se dispone a realizar la figura del tigre cazando. Arquea las cejas, abre la mandíbula. Se le desencaja. Los ojos se le desorbitan, en una cara de verdadero terror. No se podría definir si estaba haciendo una figura de verdad, o si le estaba pegando un ataque. El hecho es que nos engañaron nuestros sentidos, el maestro del Tai Chi moría de un ataque espinal cuando forzaba toda la espalda, y los brazos. Paralizándole el corazón y destrozándole los músculos desgarrándolos explotando tensión.
El maestro del Tai Chi se hizo inmortal, nadie le podrá olvidar nunca y se hablará de él durante años y años y años. Muchos años, hasta que se le olvide y nunca nunca más se hable de él, durante años y años y años.
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