Yo no veo el amor. No puedo olerlo, no puedo oírlo. Puedo suponerlo, o puedo entreverlo, pero nunca podré tocarlo. No es fácil tratarlo, ni siquiera es fácil determinar el sabor que tiene. Algunas veces sabe amargo y otras, dulzón.
No se puede amar y probarlo de verdad, no hay unos patrones que lo puedan medir ni afirmar, es algo inmesurable que ni siquiera podemos decir que exista realmente. Entonces llegamos a la cruda y oscura conclusión de que el amor es ilusorio y no recibimos de él más que un regusto añadido a nuestra vida, por momentos, fugaces, cortos, largos y eternos. Más allá del bien y del mal.
El amor agridulce no es más que una sucesión de momentos agrios, y momentos dulces.
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