lunes, 9 de agosto de 2010

El despacho de la bestia

La luz oscura al final del salón, evocaba en mí un cúmulo de sensaciones desagradables. El claro ambiente onírico que se respiraba en el aire, no me sorprendía en absoluto, me parecía normal y miraba através de él.
El salón en el que estaba, era igual que el de mi casa, pero con variaciones. No teníamos la lampara de techo de cristal Schzwaroski que tenemos colgando del techo, en su lugar había una liana verde oscuro en forma de U, de la que colgaba un mono aguantando un foco del tamañano estadio de fútbol. Esto por poner un ejemplo que entonces, no me sobresaltaba ni causaba en mí sensación alguna.

No sé porque hube de levantarme con aquella sensación amarga, había estado dormido. Aquel que estaba en un salón oscuro no era yo, si no mi personaje.

Hacía un rato que el salón se había sumido en la penumbra, pero había un rincón especialmente oscuro, del que provenían extrañas palabras, probablemente en arameo antiguo. No me podía mover, tanto podía ser por la situación de pánico extrema que estaba viendo, como por un efecto contradictorio del propio sueño que se empeña en hacernos fracasar. Escribo esto aun con la angustia en el corazón, el miedo y la desesperación no se puede eliminar del alma. La habitación, aunque yo seguía sin prestarle atención alguna a estas irregularidades, era completamente cambiante llegados a este punto. Recuerdo contar hasta 6 mesas distintas, y como ya he dicho entender que era distintas porque así era. Pero las he contado, eran 6.

No consigo escribir con calma, la mano me tiembla y tengo mucho frío. Algo ha vuelto conmigo, no me siento seguro y no me siento a salvo. Necesito plasmar estas sensaciones, son una guía para desvelar si he enloquecido o sólo sigo soñando.

Durante lo que fueron, en apariencia, minutos que duraban siglos, la completa tiniebla se fue apoderando de la habitación, absorbiendo más color así como avanzaba hacia mi. No hubo estado a más de 1 metro la oscuridad de mí, que empecé a ver que algo era claro en su interior, había una pequeña luz que brillaba como en la lejanía. Me aventuré a correr hacia ella, dentro de esa oscuridad impenetrable había algo que refuljía, y con ese sentimiento positivo consegui de nuevo mover las piernas y avanzar en la oscuridad. La oscuridad realmente se ha apoderado hoy de París, no entra una sola franja de luz por las ventanas, ni se oye el parloteo de las putas saliendo del Moulin Rouge. Puede ser que él... Haya salido a través de mi sueño? Sigo durmiendo? Debo acabar de plasmar las imágenes, empiezo a olvidar y presiento que cuando acabe podré descubrir qué ocurre en mi habitación, veo una luz oscura al final del pasillo.

Caminé durante posiblemente largos km de oscuridad, hasta llegar a la luz. Debajo de esa luz había una puerta de madera, con un pomo plateado de un tigre de bengala con un aro en la boca. No piqué, entré ya que estaba visiblemente abierta y me sentía tentado a saber qué había ahí. Era el punto que marcaba la luz, la única luz. Entré, tengo recuerdos de una sensación de oler a hoja rancia, libro antiguo. Había así pues, muchas estanterías con libros a los lados de la habitación. Al lado de la entrada había una pequeña planta adornada con unas bolas de navidad, aunque estaba estaba gris y visiblemente muerta. Unas sillas formaban un corro alrededor del escritorio, en el que había una máquina de escribir, innumerables tacos de hojas blancas y unas plumas Remington-Steele dispersadas a lo largo y ancho de éste. El ambiente era cargado y por todo se acumulaba porquería. Sentado sobre el sillón de aspecto confortable que presidía todo aquella oficina de utratumba, se encontraba el ser al que he llamado "Ladrón de conciencias". Como nariz, larga trompa azul oscuro, colgaba y chorreaba de color azul más claro como un grifo mal cerrado. La cara también color azul oscuro, completamente calva, con la piel llena de arrugas, bajo las cuales más que ver, se podían suponer unos ojos pequeños y oscuros. Vestido con un atuendo que no acierto a describir, machacaba las teclas de la máquina con unas manos diminutas, azul oscuro y con 3 dedos muy largos cada una, que se movían con gracilidad y perfecta sincronización, como colas de lagarto.

Oigo esa voz aun, oigo esos lamentos cortados y ese idioma infernal que no podía comprender, que no era humano; Pero que aun así evocaba en mí la sensación de morirme de repente. Siento que esta experiencia me ha afectado más de lo corriente, y si me equivoco creo que debería preferir que la locura me hubiera llevado. No quiero enfrentarme al Ladrón de conciencias, no quiero volver a tenerlo cerca. No quiero volver a oir su voz, estridente. entrecortada y penetrante que me repetía esa conjunción de sonidos que me van a atormentar toda la vida, y no acabarán hasta que esta acabe. Decía algo como: Glu jkiu yhedrqa somvrgeu lomoaxmjnqa. Sí, chorrea su nariz mientras habla, puedo oírle ahora aquí. Ha penetrado en mi vigilia, y me sigue repitiendo sus mismas palabras, que machacan mi alma sólo de pensar en recordarlas. Esto tiene que significar de todas formas que yo estoy loco, pero si estoy loco esto yo lo estoy viviendo igual y preferiría estar cuerdo y poder elegir morir. Si tengo que vivir con esto prefiero acabar con mi vida. Quiero saltar por la ventana, pero no puedo, mis pies no se pueden mover. Será la terrible sensación de pánico que me provoca este momento.

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